Máster en toxicología internacional explica los tipos de contaminantes a los que se ven expuestos los habitantes de la zona de Quintero, Puchuncaví y Ventanas

–          Luis González, académico de la Escuela de Medicina de la Universidad de Magallanes, detalló los problemas que se pueden producir en la salud, cuando la exposición es prolongada y quiénes pueden ser más susceptibles.

LUIS GONZALEZ

Los constantes episodios de contaminación por sobre los límites tolerables se han repetido en las últimas semanas en la zona de Quintero, Puchuncaví y Ventanas, lo que sin duda sigue generando riesgo para la salud de las personas que allí viven.

El académico de la Escuela de Medicina de la Universidad de Magallanes, Luis González, quien es máster en toxicología internacional, explicó que además de la exposición al dióxido de azufre, los habitantes de la zona están viviendo con la presencia de compuestos orgánicos volátiles.

¿Cuál es la diferencia entre ambos? Los compuestos orgánicos volátiles son hidrocarburos de diversa complejidad, que pueden tener otros elementos químicos aparte de carbono e hidrógeno, como halógeno, azufre, nitrógeno y que aportan a su reactividad, pero que en común cumplen con el criterio de tener bajos puntos de fusión y ebullición bajos, encontrándose en estado gaseoso a temperatura ambiente. Mientras tanto, el dióxido de azufre es un compuesto inorgánico, conformado solo por Oxígeno y Azufre, aunque al igual que los anteriores también tiene una forma gaseosa que se puede producir a partir de las actividades industriales o desde fuentes naturales, acotó González.

Ambos tienen efectos nocivos en la salud. Los más inmediatos afectan las vías respiratorias altas o bajas, irritándolas al punto de inducir tos persistente o dificultad para respirar.  Según detalló González también son sustancias “que pueden atravesar la piel, al ser compuestos altamente liposolubles, con capacidad de acumularse en tejidos grasos de  organismos vivos y eso hace que puedan generar muchos otros efectos a largo plazo, por ejemplo, sobre el sistema nervioso central, renal, hepático o en otros sistemas, dependiendo de cuan extensa sea la exposición y las dosis a las cuales se encuentren expuestas las personas”.

El docente agregó que cuando la exposición es aguda normalmente se observan signos y síntomas de intoxicación inmediatos y que son de alarma para buscar atención médica. El problema mayor, añadió, “ocurre con la exposición crónica que en algunos casos es imperceptible para las personas, y eso va generando daños a diferente nivel, sobre todo en el sistema nervioso central, los que pueden llegar a ser irreversibles”.

¿Quiénes tienen mayor riesgo? Hay personas que, por una menor capacidad de detoxificar estas sustancias en su organismo o por condiciones patológicas que otorgan una sensibilidad particular a ciertos tóxicos, se pueden ver mucho más expuestas, afirmó el experto. “Es el caso de los adultos mayores, que muchas veces tienen co-morbilidades que hacen que la exposición a estas sustancias generen complicaciones de forma mucho más rápida;  los niños que también pueden presentar sistemas de metabolización inmaduros o ver afectado su desarrollo normal, por ejemplo, a nivel de su sistema nervioso central, lo que los convierte en sujetos de mucho interés, pensando sobre todo, en las posibles repercusiones a largo plazo. Pero obviamente no se pueden dejar de lado muchos otros grupos de pacientes, como el caso de las embarazadas, por los posibles efectos sobre el desarrollo fetal y complicaciones del embarazo, además de las personas que ya presentan algún tipo de enfermedad que se puedan ver agravadas por los trastornos que pueden producir cada una de estas sustancias, como es el caso de los pacientes asmáticos, y que evidentemente se van a ver mucho más afectados por ellos”, manifestó González.

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