Nadie mejor que una persona en situación de calle para entender lo que se sufre con la llegada de la lluvia y un frente de mal tiempo. Por eso, en el último temporal que azotó el puerto de Valparaíso, algunos de ellos no dudaron en sumarse como voluntarios en el albergue de emergencia creado por distintas organizaciones de la sociedad civil, Hogar de Cristo entre ellas, y las autoridades locales. 

A Mario González (49), nacido y criado en el puerto, el oficio que más le gusta desempeñar es el de cocinero, pese a que ha trabajado en muchas otras cosas. Una neuropatía que le dejó la diabetes, sin embargo, hizo difícil que pudiera seguir trabajando como antes. “Me quemé el brazo y no me di ni cuenta”, explica mostrando las cicatrices de lo sucedido.

Pero en la Hospedería Mixta de Hogar de Cristo en Valparaíso siempre se le encuentra cooperando en la cocina. “Me gusta hacer algo útil”, dice. Por eso cuando pidieron voluntarios para el albergue de emergencia que se levantó con ocasión del último temporal, fue de los primeros en apuntarse.

La trabajadora social y jefa del programa, Daniela Moreno, recuerda que, ante la contingencia y la necesidad apremiante del frente de mal tiempo que se venía anunciando, “no se había habilitado a la fecha ningún albergue de emergencia”.

“Estábamos muy preocupados, porque en la primera lluvia que habíamos tenido, llegó a nuestras residencias mucha gente en muy malas condiciones, y había que cuidar la protección y la vida de las personas en situación de calle”, cuenta.

Se decidió dar la señal de alerta a las autoridades más cercanas, en este caso el municipio y la Seremía de Desarrollo Social. 

“Gracias a un decreto ley para enfrentar situaciones climáticas de emergencia, que funciona a través del Ministerio del Interior, los más antiguos nos acordábamos que se habilitaban albergues de emergencia para estos casos. Las distintas oenegés participamos en una primera reunión de coordinación, donde Hogar de Cristo se sumó, como siempre. No sabíamos cómo iba a resultar, pero existía voluntad por parte de todos”.

“A NINGUNO SE LE ECHÓ A LA CALLE”

En el colegio Gaspar Cabrales de Avenida Almirante Simpson, se habilitó el albergue que durante cinco días se mantuvo para acoger, dar techo, abrigo, comida y seguridad a una treintena de personas en situación de calle durante el último temporal de lluvia registrado en el puerto.

La venezolana Sonia Echandía (62), quien fue usuaria de la hospedería e incluso se casó con uno de los residentes de la hospedería, también se sumó como voluntaria:

“Yo quise devolver la mano. En la hospedería me ayudaron cuando yo me encontraba muy mal, viviendo en situación de calle. Como migrante venezolana, estaba desesperanzada, sin saber a quién acudir. Gracias a la ayuda de Hogar de Cristo logré salir adelante y por eso, quise compartir ese amor y esa unión que me entregaron, agradecer lo que he recibido y demostrar que se puede ayudar a otros con pequeños gestos”, relata.

Su labor consistió en llenar planillas con información de los que iban siendo ingresados al albergue, por ejemplo, anotar las cosas que cada uno traía para que ellos firmaran. 

“Después les dábamos café, pan y se les asignaba el colchón que era nuevo, lo mismo que las mantas y las almohadas. Todo nuevo, nada usado. Me gustó mucho toda la colaboración que se dio entre distintas organizaciones”, agrega.

Mario González, en tanto, detalla que en la cocina de la hospedería se preparaban almuerzos y cenas y se llevaban al colegio. Además, “a todos se les hizo PCR y a los que daban positivo se les aislaba en una sala de clase, a ninguno se le echó a la calle”, precisa. 

La pareja formada por Sebastián Araneda y Margarita Durán también se sumó. Ambos están residiendo en la hospedería mixta, pero se quedaron a dormir en el colegio para colaborar en los turnos nocturnos.

Daniela Moreno, la jefa del programa, destaca que “las personas que han vivido o siguen estando en situación de calle son los que más nos enseñan sobre solidaridad, son nuestros maestros y los que primero tocan la puerta y te dicen hay un hermano que está todo mojado y sin zapatos. En el primer temporal nos trajeron mucha gente que estaba así y lo único que les podíamos ofrecer era nylon para resguardar sus rucos, ni frazadas podíamos darles porque se mojaban. Algo caliente de comer también, pero no refugio y eso era lo que más necesitaban”.

Ellos fueron los principales impulsores, los que dieron energía y motivación. 

“Recuerdo que hicimos un comunicado conjunto las distintas organizaciones de la Red Calle Valparaíso, para hacer visible esto en la prensa. Les dimos a conocer a la comunidad que las oenegés que trabajamos con personas en situación de calle no damos abasto y claramente necesitamos apoyo tanto del Estado como de la sociedad civil”, agrega.

Gracias a este impulso se logró concentrar toda la ayuda en un solo lugar. A la Hospedería llegó mucha donación de ropa. Se organizaron sistemas de turnos en los que la Secretaría Ministerial de Desarrollo Social aportó con los turnos nocturnos.

-¿Por qué quisieron sumar a los participantes de la hospedería como voluntarios?

-Los que más conocen dónde están las personas en situación de calle son nuestros participantes, nuestros voluntarios que salen a rutas calle. Ellos conocen los rucos, los puntos calle y les dimos la oportunidad que nos apoyaran con sus habilidades para acompañar a los más frágiles, asistirlos, bañarlos, en el ingreso, en darles comida caliente. Creo que el resultado fue maravilloso. Por supuesto que para el próximo año, esperamos que las condiciones para ofrecer sean mucho mejores. 

A su juicio, esta iniciativa marcó un hito porque tiene que ver con impulsar cambios, con involucrar a toda la comunidad e incidir con la metodología del Hogar de Cristo en futuras políticas públicas. 

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